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¡Tanto recibido!

Tu camino cuaresmal está a punto de llegar a su meta. Has ido deteniéndote en cuatro grandes estaciones: Prudencia, Templanza, Fortaleza, y…

JCmf · 2026-03-26 18:52 · 1 claps · 4.8 min read
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¡Tanto recibido!

¡Tanto bien!

¡Tanto bien!

Tu camino cuaresmal está a punto de llegar a su meta. Has ido deteniéndote en cuatro grandes estaciones: Prudencia, Templanza, Fortaleza, y Justicia. No has ido solo, el Espíritu de Dios te ha acompañado, más aún, ha impulsado tus pasos. Tal vez podrías haber caminado con más decisión, haberte dejado llevar más, pero no es tiempo de lamentaciones: es la hora de agradecer lo recibido, es el momento de ser más consciente de las sugerencias que el Espíritu de Dios ha sembrado en tu alma, porque ellas te permitirán avanzar en el seguimiento de Jesucristo. ¡Empieza con lo primero!

En el nombre + del Padre y + del Hijo y + del Espíritu Santo. Amén.

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Este es el salmo responsorial del Jueves Santo (116/115):

¿Cómo pagaré al Señor todo el bien que me ha hecho? Alzaré la copa de la salvación, invocando el nombre del Señor.

Mucho le cuesta al Señor la muerte de sus fieles. Señor, yo soy tu siervo, hijo de tu esclava: rompiste mis cadenas.

Te ofreceré un sacrificio de alabanza, invocando el nombre del Señor. Cumpliré al Señor mis votos en presencia de todo el pueblo.

¿Está tu corazón agradecido al Señor? Déjale que rebose en acción de gracias, en eucaristía (dicho en griego). Permíteselo.

Continúa ahora con el segundo paso de esta última meditación de Cuaresma: no olvidar lo que el Espíritu de Dios te ha ido aconsejando para tu vivir desde la fe. Rom 8,26:

El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad

Haz memoria con la guía que viene a continuación, que recoge los exámenes de conciencia de las cuatro virtudes cardinales, comenzando por la última que viste. No se trata de que vuelvas a revisar tu vivencia de las virtudes, sino que, al hilo de las preguntas, vayas recordando lo que sentiste que Dios te pedía. Sería bueno que tuvieses donde anotar aquello de lo que te acuerdes, para tenerlo presente en tu vivir cotidiano. ¡Adelante!

Dar a Dios y al prójimo lo que les es debidonº 1807 del [Catecismo 1807]es ser justo ¿Qué te insinuó el Espíritu en tu meditación de la semana pasada sobre la virtud de la Justicia? Tal vez

  • ¿Que aprendas a no manipular al otro según tus intereses, sino que la respetes en su dignidad?
  • ¿ Que te esfuerces en ser diligente para cumplir lo que has dicho?
  • ¿Que explícitamente reconozcas el trabajo de otro en lugar de despreciarlo?
  • ¿Que te acostumbres a hablar bien de los demás, especialmente de tu cónyuge?
  • ¿Que te propongas respetar lo que beneficia a la comunidad?

Espíritu de la justicia divina, deseo reconocer algunos puntos que he de trabajar, guiado por Ti, que eres el divino pedagogo, el Paráclito. Sé que eres Tú el que impulsas en mí el ansia por vivir con la justicia que aprendo del Padre, y, agradecido, te pido que me sigas moldeando a imagen de Jesucristo, “el único Justo”. Amén

La virtud de la fortaleza hace capaz de vencer el temor, … y hace capaz de hacer frente a las pruebas…” [catecismo 1808]. ¿Qué indicaciones recibiste del Espíritu para ser fuerte en Cristo? Tal vez…

  • ¿A que te enfrentes a tus enemigos internos que te quieren paralizar con su fuerza, en vez de bloquearte?
  • ¿A que afrontes los contratiempos del día 0y las dificultades más importantes de tu vida?
  • ¿A que vivas “el «martirio» de la fidelidad cotidiana al Evangelio(Papa Benedicto XVI 29/08/2012)?

Espíritu de Dios, por mucho que madure en la virtud de la fortaleza, siempre seré alguien necesitado de tu Fuerza Divina, que es poderosa. Ayúdame, mi Defensor Divino, vence en mí ese mal espíritu que me agita, hazme resiliente, confiado en Ti. Tú no me desasistes, que reconozco que soy débil, y no quiero presumir de fuerzas que no tengo. Pero te tengo a Ti. Tú eres mi Fuerza. Amén.

“Orientar hacia el bien sus apetitos sensibles, guardar una sana discreción y no dejarse arrastrar por seguir la pasión del corazón” Catecismo 1809. Ese autocontrol caracteriza a la persona moderada, a quien tiene templanza. ¿Qué te sugirió el Espíritu Santo sobre tu vivencia de esta virtud? Tal vez…

  • ¿Que no digas lo que se te ocurre, sin más; sino que pienses lo que tienes que decir?
  • ¿Que erradiques el “hábito” de dejarte arrastrar por accesos de ira, y aprendas a controlarte?
  • ¿Que adquieras el arte de no ceder ante el mal a la vez que no condenas, sino que te mantengas“prójimo” al otro?
  • ¿Que vivas “habitualmente” con equilibrio -sin excesiva dedicación “habitual”- las diversas facetas de tu vida (tu dedicación al trabajo, también el cuidado que tienes de tu salud, o tu uso de las redes sociales, o tu práctica deportiva, incluso tu vida de devoción…)?

Espíritu Divino, que me ayudas a crecer en autodominio, contemplo cómo Jesucristo vivió con autocontrol, para mantenerse en la voluntad del Padre, y yo deseo seguir sus pasos. Sin tu ayuda, solo será un ejercicio ascético, que me ayudará ciertamente a ser mejor persona, pero no mejor cristiano. Espíritu, guía mi alma en el crecimiento de esta virtud, de modo que crezca en fidelidad al Evangelio. Tú, mi Maestro interior; Tú, mi Pedagogo; Tú, el que me conduces. Amén.

“Discernir en toda circunstancia nuestro verdadero bien y elegir los medios rectos para realizarlo” es ser prudente, según el Catecismo 1806. ¿Qué has sentido que el Espíritu quieres que trabajes al respecto? Tal vez…

  • ¿Que trabajes por superar el temor a equivocarte?
  • ¿Que te acostumbres a no dejarte llevar por tus emociones a la hora de actuar?
  • ¿Que tu vivir cotidiano esté centrado en conocer la voluntad de Dios en ese momento, en vez de planear el día sin contar con Dios?
  • ¿Que aprendas a esperar el momento oportuno de hacer un bien?
  • ¿Que te dejes aconsejar por otras personas prudentes, antes de tomar una decisión?
  • ¿Que no consientas en demorar una decisión por inseguridad personal?
  • ¿Que tengas el hábito de llevar a cabo la voluntad de Dios, una vez conocida?

Señor Espíritu, a pesar de toda tu luz que ilumina mi mente para conocer lo que agrada al Padre, a pesar de todos tus dones que me capacitan para poner por obra Su voluntad, he de reconocer que soy tan imprudente a veces que no cumplo mis buenos propósitos. Me arrepiento sinceramente, Espíritu Paráclito, de “edificar mi casa sobre arena”. Te doy gracias, Espíritu Divino, porque no desesperas de mí, y me sigues guiando para que ande por los caminos del Evangelio de Jesucristo. Amén.

Al comenzar la Semana Santa, renueva tu voto a Jesucristo de hacer Su voluntad. Ora cantando *Seas *con el grupo **Ruah**:

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Culmina tu proceso cuaresmal agradeciendo a la Virgen María su cuidado maternal de tu fe:

Santa María de la Cuaresma, gracias por tu compañía en estos 40 días hasta la Pascua de tu Hijo.

Señora de la Cuaresma, gracias por animar mis esfuerzos por ejercitarme en las virtudes, tú que supiste hacerlo como nadie.

Madre al pie de la Cruz, madre espiritual de mi fe, gracias por enseñarme a confiar en la ayuda del mismo Espíritu que te llenó con Su gracia.

Virgen Santa, gracias por introducirme en el arte de vivir desde el corazón las cosas de Dios.

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¡Oh dulce Corazón de María, se la salvación {del alma} mía!

JCmf


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