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¿Cómo logras tenerme siempre?. Capítulo 8.

En la sala del hospital, Adrián no paraba de recibir visitas, aunque eran bastante controladas.

lashistoriasdeisabel · 2024-06-07 12:41 · 0 claps · 15.8 min read
#oscuro #amor #examen #increíble
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¿Cómo logras tenerme siempre?. Capítulo 8.

En la sala del hospital, Adrián no paraba de recibir visitas, aunque eran bastante controladas.

— Señor, no se preocupe. Creo, que ya de esta, me he salvado — con las palabras de Adrián, Miriam no pudo dejar de sonreír, aunque aún, se veía asustada.

— Muchacho, no pierdes el humor, ni en las peores circunstancias — Oscar estaba muy cerca de él, y mirando hacia Miriam, agregó — La heroína la tienes a tu lado. Siempre se los he dicho, tanto ella, como Natalia, tienen un olfato especial, para detectar el peligro. Es un don, que dios les ha dado.

Miriam sonrió muy orgullosa, y se les acercó.

— Natalia ha llamado mil veces. Habló conmigo, y hasta con Adrián — y miró, para su jefe — Dice, que aquello es bien duro, que me prepare, para lo que me espera. Mi suerte es, que ella fue primero.

— De esas escuelas, salen listos de verdad, para enfrentar cualquier misión, por dura que sea — y mientras Oscar, hablaba, se ponía de pie — Yo me voy ya, es bastante tarde, y Adrián tiene que descansar.

— Yo lo acompaño, señor — Miriam, de inmediato, lo siguió.

— Sé disciplinado, Adrián, para que esto, pase rápido — y sin quitar la mirada sobre Miriam, Oscar sonrió — Creo que tu heroína, es también, tu mejor enfermera.

— Tiene razón, pero es más exigente, que yo. En eso, yo debo mejorar — y se quejó de dolor, por haberse reído tanto.

— Descansa, mañana estarás más recuperado — Oscar se marchó, con Miriam a su lado.

Ya en el pasillo, el jefe Oscar, le dijo a Miriam.

— Trata de descansar tú también — y le señaló, para dos colegas, que estaban muy cerca — Ellos estarán custodiando la habitación, toda la noche. No habrá ningún tipo de sorpresas indeseadas.

— Gracias, señor — y con mucho cariño, le dio un abrazo — Por si acaso, yo duermo con un ojo abierto y el otro cerrado — y sonriendo los dos, se despidieron.

En Quántico, comenzó la acción nocturna. El ejercicio planificado, era bien duro, sobre todo, porque ninguno de los participantes, excepto los profesores, conocía el terreno. Por dentro del bosque oscuro, debían perseguir a narcotraficantes, que huían de sus captores. La orden era atraparlos vivos. Cada grupo tenía un líder, y era el que iba dando las indicaciones, que provenían, de un puesto de mando central.

Marcos, como jefe principal de la operación, dio las últimas explicaciones.

— El ejercicio, aunque parezca sencillo, no lo es. Hoy vamos a repartir los roles de una manera, y en la próxima práctica, rotaremos — y los miró a todos, con atención — Los profesores, seremos los narcotraficantes. Algunos alumnos irán para el centro de mando, y los demás, irán al terreno.

Natalia escuchaba las indicaciones, y rezaba, para que le tocara el terreno. Quería sentir la verdadera adrenalina de la misión. Y en su mente se debatía, en si debía mirarlo fijamente, para que supiera lo que ella quería, o por el contrario evitar su mirada, para que no le llevara la contraria, y la mandara para el puesto de mando. Y con esos pensamientos y las piernas fuera de control, esperaba, que mencionaran su nombre.

— Natalia — ella, al escuchar su nombre, dejó de mover las piernas, y prestó mucha atención — Usted va para el terreno.

El suspiro, fue tan fuerte, que hizo sonreír, a más de un colega. Marcos por su parte, solo atinó a fulminarla con la mirada.

— Vamos a comenzar. Narcotraficante muerto, es suspenso, en la evaluación. Se necesitan vivos — les recalcó Marcos, una vez más.

Se dio la orden para comenzar. Primero, se desplegaron los profesores, y se perdieron entre la maleza y los árboles. Eran cinco, y salieron en distintas direcciones. A los pocos minutos, el puesto de mando dio la orden de persecución.

El ejercicio estaba siendo filmado, para después debatirlo en clases. Pero los estudiantes, no lo sabían, para no incidir en la creatividad, y en la destreza, de cada uno. Era importante descubrir sus instintos de preservación, y las tomas de decisiones, ante los imprevistos.

Natalia estaba internada en el bosque. Una de las cosas, a las que más miedo le tenía en su vida, era a las arañas, y así estaba registrado en su historial. De pronto, mientras se internaba en la maleza, sentía cómo varios insectos, y otros animales, le subían por sus botas y algunos por la espalda. Ella estaba segura, de que arañas habría. Ejercicios parecidos, ya había hecho en su país, y eso no la sorprendía. Y aunque su cara había palidecido, los fue eliminando uno a uno, sin hacer el mínimo ruido.

— Bien, por la chica española — comentó un supervisor, que los seguía en directo, desde el centro de control.

Natalia siguió adelante. Su instinto le decía, que tenía algún señuelo cerca; lo presentía y así fue. De pronto, le tiraron encima una malla, de la que muy ágilmente, y con total destreza, se liberó. Después, alumbró con su linterna, pero con una intensidad muy tenue; no podía exponerse con la luz. Lo hizo porque sintió agua, y, de hecho, si no se hubiera percatado, hubiera caído en un enorme hueco, por donde corría el agua de un riachuelo, que había cerca. Ese obstáculo, le hubiera costado, toda la prueba, pero también lo superó.

El supervisor, escuchaba a sus colegas, quejarse de sus alumnos, pero él, seguía airoso, siguiendo a la chica española.

— Esta chica, es de otro planeta. Si hubiera sabido de su capacidad, le hubiera puesto muchos más señuelos; los ha detectado todos — se sentía orgulloso y a la vez, expectante.

Natalia presentía, que ya estaba cerca. Y en efecto, a unos metros, vio a un hombre vestido de negro. Su rostro estaba totalmente cubierto, excepto sus ojos. En su mente, solo había una frase, «Lo tengo, pero no puedo dispararle, debo usar la cabeza».

— Detente y tira el arma, o te vuelo los sesos — su voz era firme y enérgica.

El supuesto narcotraficante, no se giró, ni tiró el arma.

— Si das un paso más, te arrepentirás — y al ver que no se giraba, pensó rápidamente, en cambiar la estrategia.

El supervisor se puso de pie. No se imaginaba, cómo iba a resolver la situación, porque matarlo era fácil. Capturarlo vivo, dependía de su total iniciativa y destreza.

Natalia disparó muy cerca del individuo, para demostrarle que, si no accedía a sus peticiones, le volaría la cabeza. La reacción lógica fue la esperada, el delincuente se giró, pero aún sin soltar el arma, le pidió clemencia.

— No dispares — le dijo, con aparente temblor — Me voy a entregar.

Pero, cuando Natalia escuchó su voz, supo, que le había tocado él, para su prueba. En un microsegundo pensó, «por esto, y más, es que no puedo vincular mi vida privada con el trabajo, porque flaqueo». Y en ese mínimo de tiempo, entendió, que Marcos constituía su peor señuelo. Pero a la vez, recordó, que él mismo, le había dado la clave, para resolver su ejercicio.

Y comenzó su mejor actuación. Siempre pensando, que, si le salía mal, le dispararía a una pierna del delincuente.

— Manuel, ¿Eres tú? — y mientras le preguntaba, se quitaba la máscara — Mira soy Natalia, sé que me recuerdas. ¡Cómo no habrías de acordarte de mí, si hemos dormido juntos! ¿Recuerdas la frase que me decías? Tú eres la única mujer, que me llevas a la Luna, Natalia. ¿Lo recuerdas?

Marcos, completamente sorprendido, decidió seguirle el juego, para ver, qué estaba intentando hacer, para resolver su examen. Pero rápidamente, comprendió su estrategia.

Natalia lo seguía empuñando con su arma, y detectó, que había logrado, crear la confusión, en el falso Manuel, al extremo, que él, no sabía, qué hacer.

— Manuel, soy de tu grupo. Estoy infiltrada en la policía. Un paso en falso tuyo, me delataría — y con total precaución, dio unos pasos, hacia él — Quizás la oscuridad no te deje ver, mi cara, ni mi cuerpo — y sin dejar de apuntarle, Natalia comenzó a quitarse su ropa, pieza por pieza.

El supervisor, dio la vuelta en redondo, no quería mirar, ni pensar, en lo que ella estaba por hacer. Y hasta tenía ganas de dejar de grabar, pero no le estaba permitido.

Marcos también, tenía intenciones muy serias, de detenerlo todo, y suspenderla en la prueba, porque él sí sabía, que ella tenía decenas de ojos, encima.

— Suelta el arma y te besaré, para que me recuerdes, Manuel.

Natalia seguía adelante con su estrategia, que, aunque se desarrollaba en segundos, a Marcos, les parecían eternos, pero ella en muy poco tiempo, estaba desestabilizando por completo, al delincuente.

Marcos o Manuel, ya daba igual quién era, se quedó deslumbrado, por lo que sus ojos veían, a pesar de la oscuridad, y Natalia, aprovechando su deseo morboso y la cercanía, le tumbó el arma al suelo, lo besó ardientemente, y le dijo.

— Manuel, seguro, que ahora me recuerdas, porque no fue poco el sexo, que hiciste con mi cuerpo — y ya en el piso, Natalia lo neutralizó, con toda su fuerza.

Y así ella debía mantenerse, hasta que le dieran la indicación, de terminar la prueba. Pero Marcos sudaba frío, aunque no decía, ni una sola palabra. Tenía a Natalia, semi desnuda, encima de él, enseñando parte, de su escultural cuerpo, y no solo a él.

El supervisor, increíblemente nervioso, decidió desactivar la imagen, y solo dejar activo, el audio, aunque siguiera grabando. En realidad, por primera vez, en un ejercicio de este tipo, no sabía qué hacer. Pero tenía claro, que no quería que los demás, siguieran observando el cuerpo desnudo, de Natalia.

Marcos recibió la notificación, de que la prueba para ella, había terminado. Pero, él quiso seguir, con el objetivo de probar, hasta dónde, era capaz de llegar. Y sorpresivamente tomó el control, para con fuerza, voltearse y dejarla atrapada, debajo de su cuerpo.

Por su parte, Natalia creyendo, que todavía estaba siendo evaluada, con las piernas, lo oprimió con fuerza, por los lugares sensibles, que ella sabía mejor que nadie, dónde estaban, y sin importar su corpulencia, volvió a neutralizarlo. Sin dudas, su examen estaba rozando la perfección.

Pero ciertamente, a esas alturas de la noche, con la prueba terminada, y con todo lo que habían vivido, ya para Marcos, dejarse neutralizar por ella, era un regalo.

— Natalia, ya sé, que usaste mi teoría, de que puedes enamorar, hasta al más vil, de los delincuentes, pero te informo, que tu examen, hace rato ha terminado — no obstante, Marcos no se movía.

— Y entonces, ¿qué haces todavía encima de mí? — pero ella, tampoco hizo nada, por apartarlo.

— Porque necesito besarte. En realidad, quiero hacerlo desde hace mucho rato — y al no recibir contestación, Marcos le preguntó — ¿Te ordeno que me dejes hacerlo, o te dejas besar, sin oponer resistencia?

— Me dejo besar, sin oponer resistencia — Natalia suspiró, con bastante fuerza.

Y con las mentes, totalmente nubladas, se entregaron a un intenso beso, sin importar las consecuencias.

— Sabes, que esto es un gran error, ¿verdad? — Marcos, por un momento, intentó razonar.

— Lo sé. Un gravísimo error. Pero, lo que no entiendo es, si estás consciente de eso, por qué, sigues encima de mí — Natalia le respondió como siempre, jugando duro, y sin miedo — ¡Déjame moverme, por favor!

— Natalia, voy a seguir hasta el final, pase lo que pase. Porque tú enloqueces, hasta al más sensato, de los mortales.

A los pocos minutos, recobraron la razón y sin mediar palabra alguna, él la ayudó a vestirse, y se incorporaron al resto del grupo, como si nada, hubiera pasado entre ellos.

Todos, se fueron reagrupando, y el supervisor de Natalia, de forma discreta, llamó a Marcos.

— Es preciso, que hablemos — y lo llevó al salón, donde le mostró el video de Natalia.

Marcos respiró profundamente, miró seriamente a su colega, y con mucha naturalidad, le dijo.

— La chica es, extremadamente buena. Muy profesional. Merece la nota máxima — y, le sostuvo la mirada todo el tiempo.

— En eso, coincido contigo plenamente — y le pasó el brazo por encima, con total confianza — Enamora hasta al más vil de los delincuentes, y también, hasta al más sensato de los mortales.

Marcos sabía, que estaba atrapado, pero Samuel, siempre había sido su amigo, por lo tanto, no le responde nada más.

— Ya borré, todo lo que no debía verse, pero siempre, la chica dejó ver algo, para lograr su objetivo — le dijo Samuel, algo contrariado.

— Bueno, esa parte la tendré, que compartir con los demás. No tengo alternativa, es parte de su examen — y aunque se veía algo confundido, ya no había marcha atrás.

Y con paso firme, pero algo perturbado, se alejó del lugar. Nunca había cometido un error tan grave, en toda su vida de adulto, pero realmente ella, lo había enloquecido, desde el mismísimo avión.

Natalia lo vio salir, del centro de control, pero no podía imaginar, lo que había sucedido. Se sentía muy ansiosa, y sabía el motivo. El profesor le gustaba más de lo permitido, y era algo imperdonable para ella, que por mucho que le huía, a una situación así, siempre terminaba enredada, en su propia madeja. Pero ahora, había una brutal diferencia, con respecto a sus relaciones anteriores, Marcos estremecía todas sus barreras.

Casi amanecía, pero les dieron la mañana, para descansar. En la sesión de la tarde, se discutirían los resultados, de cada estudiante, en el colectivo. De esta manera, todos aprenderían de los errores, o de las experiencias positivas, de los demás. Pero ellos no tenían conocimientos todavía, de cómo sería, ese tipo de actividad.

Natalia se sentía muy cansada por la prueba, pero más que eso, estaba muy perturbada, por la situación, que se había creado, entre Marcos y ella. Era obvio, que haber sobre pasado los límites, era un error, que tenía que corregir, de inmediato.

Se duchó y se tiró sobre la cama, con ganas de ordenar su mente, al tiempo, que revisó el móvil y tenía un mensaje de Miriam, sobre Adrián. Todo marchaba bastante bien, y eso la ponía muy contenta. Pero su respuesta al mensaje, nada tenía que ver, con lo que decía su amiga, «Tuve sexo con mi profesor, y lo peor, me gusta con locura. Después te llamo, ahora voy a dormir, estoy muerta».

Miriam se sintió tan feliz, al leer su mensaje, y rio tan alto, que Adrián se interesó en saber, qué pasaba.

— Nada, yo sé mis cosas. Es algo entre Natalia y yo — y le quitó importancia, para que él, no insistiera.

Pero, para Miriam saber, que Natalia seguía con su vida, le daba las esperanzas, de poder conquistar de una vez, el corazón de Adrián.

Y mientras Natalia caía rendida, Marcos, que había ido a su casa, se duchaba, sin poder quitarse de la mente, aquella imagen seductora, que lo enloquecía. Fue todo tan efímero, pero a la vez tan apasionado, que su cuerpo aclamaba por más, aunque él sabía, que eso era imposible. Tenía que luchar en contra de aquella obsesión, con toda su fuerza. Y lo peor, tenía a Samuel como testigo, y eso lo hacía sentirse muy mal. Había tenido un proceder irresponsable y sin sentido.

Mas rápido de lo deseado, llegó la tarde. Todos los alumnos esperaban por sus profesores, para recibir el resultado del examen. Era la primera vez, en la que participaban todos los grupos, en el mismo salón de conferencias.

Natalia y Marcos, se evitaron a toda costa. Pero sus cuerpos, estaban muy inquietos, burlándose de todo lo razonable.

Samuel y Marcos, sí intercambiaron miradas. No hacía falta hablar, para saber, lo que ambos pensaban. En ese momento, y sin importarle, que pareciera loco, Samuel, no solo observaba a Marcos, también la observaba a ella, y sin mediar ningún comentario gracioso, se reía solo, al ver, cómo se evitaban.

No recordaba haber visto a Marcos, tan nervioso en toda su vida. Se ponía en el pellejo de él, y suponía la agonía, por la que estaba pasando. Conocía de su rectitud, y de su alta responsabilidad. Por ella no podía opinar, porque no la conocía, pero de que él, se haya dejado tentar por la belleza y el carisma de una alumna, era demasiado para procesar.

Sin esperar más, comenzaron a mostrar el video del ejercicio, del primer alumno. El proceso era muy sencillo, el alumno se ponía de pie y explicaba su estrategia. El supervisor daba su criterio, al igual que el profesor designado y por consenso, llegaban a la nota final.

Cuando Natalia vio, que todo había sido grabado, respiró tan profundamente, que los colegas que estaban cerca, no pudieron dejar de mirarla. Ella solo atinó, a buscar la mirada de Marcos, que por más que intentaba, decirle que no, con la cabeza, para quitarle la preocupación, ella no lo entendía, y solo pensaba, en la reacción de todos, cuando le llegara su turno.

Cada minuto que pasaba, era una tortura para ella, que sentía, cómo se le iba nublando su mente. Llegó un momento, que ni escuchaba, lo que les decían a sus colegas, cuando de pronto oyó, que mencionaban su nombre.

— Por favor, Natalia, póngase de pie — le indicó, Samuel.

— Por supuesto, señor — y con firmeza, se enfrentó a su evaluación.

— ¿Podría explicarnos su estrategia, para capturar vivo, al narcotraficante? — mientras Samuel, miraba seriamente a la alumna, sentía sobre él, la mirada penetrante de Marcos.

— Después de neutralizar algunos obstáculos, que me fui encontrando en el camino, y de superar con firmeza, algunas de mis fobias, sentí que mi objetivo estaba, al otro lado del muro, que dividía el camino.

Natalia respiraba profundamente, porque a la vez que hablaba, se mostraba en detalles, todo lo sucedido. Incluso, le pareció que había un enorme silencio, mucho mayor, que el que le precedió, cuando evaluaban al resto de los alumnos. Pero, no se dejó intimidar, y continuó narrando su forma de resolver el ejercicio.

— Salté hacia el otro lado, y un sexto sentido me confirmó, que iba en el camino correcto — y de forma inevitable sonrió.

Samuel sabía, que a medida que la parte final llegaba, la tensión entre ella y Marcos, aumentaba, por eso decidió interrumpirla.

— Nos puede explicar, ¿por qué ha sonreído? — y se quedó mirándola fijamente.

Natalia estaba consciente, de que cualquier pregunta que le hicieran, en aquel momento, formaba parte de la evaluación, y tratando de no pensar en lo que venía, se serenó y respondió a la pregunta del supervisor.

— Porque recordé, que el comandante de la comisaría, donde yo radico, en mi país, siempre me dice eso — y respiró tranquila — Que tengo un sexto sentido, para detectar al enemigo.

— Bien — Samuel se puso de pie, y se le acercó — Si ya tenía al traficante delante, y aunque no se rendía, se volteó hacia usted, ¿por qué no le disparó, por ejemplo, a una pierna, y ya lo tenía? ¿Qué la hizo buscar otras alternativas?

Con esas preguntas, Natalia sentía un temblor interno, que tenía, que tratar de ocultar, y por su parte, Marcos, sin dejar de sentir orgullo, por su excelente prueba, temía mucho, por la reacción colectiva, al mostrar, la próxima secuencia.

— Pues, porque si hubiera hecho eso, era lo que todos esperaban, o suponían, que yo haría — y se tiró a fondo, pasara lo que pasara — Intenté confundir al delincuente, creándole dudas — y a la par, que Natalia hablaba, se venían mostrando las imágenes y aunque el murmullo se hizo generalizado, ella siguió adelante — Aproveché que se desconcentró, y pude neutralizarlo.

Las risas y los comentarios, eran el plato fuerte del momento, y ella, con su frente en alto, cerró magistralmente su intervención. Al mismo tiempo, que veía, cómo Samuel detenía el video, justo, donde debía.

— No sé, por qué, tenemos tantos tabúes con nuestros cuerpos — y ahora sí, que miró a todos, sin excepción — Todos tenemos las mismas partes, y si en algún momento, nos pueden salvar la vida, son nuestra mejor opción.

El silencio volvió a reinar en la sala, y todos, comenzaron a aplaudirla. Natalia se sentó nuevamente, ante la petición de su superior, y en ese momento, sí pudo intercambiar una mirada con Marcos, que para todos pasó inadvertida, pero para Samuel, no.

Transcurridas, dos horas aproximadamente, se terminó la evaluación y Natalia muy furiosa, salió a toda velocidad, hacia la oficina de Marcos, en busca de explicaciones. Pero de camino, se tropezó con Jesús.

— De verdad, que me has dejado sorprendido — y la miró atentamente — Nunca hubiera imaginado, que fueras tan atrevida.

— Jesús, cada cual utiliza las armas, que dios le dio — y sin esperar su respuesta, lo dejó plantado y siguió de largo.

Jesús la observó alelado. Y aunque siguió su camino, no pudo dejar de pensar, que ella tenía razón. Y muy risueño, dijo, en voz alta.

— Natalia, el problema es, que contigo, Dios se extremó.

Natalia echa una fiera, llegó a la oficina de Marcos, y como siempre, Alicia la interceptó.

— Dígame, señorita — y por la mirada, y su sonrisa casi a medias, Natalia supuso, que su video, ya era cometario general.

— Necesito ver al profesor — y se quedó mirándola, con mucha atención.

— Lo siento mucho, Natalia — Alicia, hasta su nombre conocía, a la perfección — El profesor canceló toda su agenda. Se sentía indispuesto, y se marchó a su casa.

«¿Indispuesto?», eso la asustó un poco, pero no preguntó. Dio las gracias y se marchó.

Natalia quería descargar, toda su furia contra él, y no tenía forma de encontrarlo. El único, que podría ayudarla, era Jesús, y no hacía ni diez minutos, lo había dejado plantado y con la palabra en la boca. Respiró profundamente, lista para disculparse, porque tenía que obtener la información, que necesitaba, a toda costa.

— Dime, Natalia — Jesús le respondió, de mala gana — No sé, ni por qué te respondo. Lo mismo me echas, que me recoges. Un día me cansaré de tus arrebatos.

— Perdóname, Jesús — Natalia parecía sincera — No sé por qué soy así. Alejo lo que quiero, y después sin remedio, tengo que recuperarlo.

— Sí, sí. Ya me has convencido, de nuevo — y sonrió — Dime, ¿qué quieres? — le preguntó, haciéndose aún, el bravo.

— Necesito saber, dónde vive el profesor Marcos — y se produjo un gran silencio, que los desesperaba a los dos.

Jesús tenía sus sospechas, pero cada vez, lo veía todo más claro.

— Natalia, tu juego es muy peligroso — y respiró, algo preocupado — Aunque no se le veía bien la cara, todos hablaban, de que el profesor, que te tocó en la prueba, era Marcos, y todos vimos… — pero ella, enérgicamente, lo interrumpió.

— ¿Qué vieron, Jesús? — y se puso muy malcriada — Que me le subí arriba, casi sin ropa, y lo dejé neutralizado. En ese momento, no era mi profesor, era un delincuente, que tenía que vencer, o me mataba.

— De acuerdo. No te diré nada más. Tú eres grande, Natalia — y de inmediato le envió, la dirección de Marcos — No vengas a llorar a mi hombro, porque te lo advertí. Hay barreras, que no pueden cruzarse.

— Jesús, por casualidad, ¿Estás celoso? — Natalia sonrió, intentando bajar la tensión.

— Un poco sí, ¿para qué te lo voy a negar? — y algo de amargura, Jesús mostró en sus palabras.

— Bueno, te juro, que te compensaré, con el mejor de mis bailes. Pero ahora, debo arreglar un asunto pendiente — y sin dilatarlo más, se despidió de su amigo.

Al instante, Natalia tomó un taxi. El profesor vivía bastante alejado de la academia, y aprovechó para admirar el paisaje. Desde que había llegado, todo había sido entrenamiento, y algo de bar, pero en el mismo perímetro, alejado de la ciudad.

Photo by Patrick Hendry on Unsplash

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Marcos, desde que llegó a su casa, se limitó a ducharse y para no pensar, en su situación actual, se tiró sobre la cama, a estudiar la clase, que le correspondía en la próxima jornada, con sus alumnos de la universidad. Pero, de pronto, sintió que llamaban a la puerta, y muy sorprendido, se levantó. No esperaba a nadie, y mucho menos, a esa hora.


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