Juré odiarte para siempre. Capítulo 5.
Pero, apenas llegaron a la cabaña, él le preguntó.
Juré odiarte para siempre. Capítulo 5.
Pero, apenas llegaron a la cabaña, él le preguntó.
— ¿Qué te ha impresionado tanto? — y muy rápidamente, Xavier le trajo agua, porque la cara de Sara, era de horror.
— Los dos guardias que nos maltrataron… — pero ella no pudo seguir hablando y bebía agua, para tratar de calmarse.
— ¿Los mataron? — Xavier le preguntó.
Sara, muy impresionada, asintió, comprobando, que estaban en manos de personas, que no tenían escrúpulos, ni para matarse entre ellos mismos.
Xavier, la vio tan asustada, que decidió acercársele un poco.
— Si me dejas, puedo abrazarte, y seguro, te sentirás mejor — Sara no dijo nada. Se alejó y de inmediato, se metió al baño.
Transcurrieron varios días más, y la convivencia se hacía, cada vez más complicada. Sabían, que no podían volver a repetirlo, pero sus cuerpos y sus corazones, se lo pedían a gritos.
La voz de Xavier desde el rústico baño, provoca, que Sara vuelva al presente. Por estar pensando en él, el café se le había derramado, por todo el suelo.
— Sara, ese café huele demasiado. ¿Estás atenta?
— Por dios — y muy rápidamente, lo aparta — ¡Qué desastre! Pero algo nos quedó — y bastante nerviosa, sonríe.
Buscando algo para limpiar el reguero, Sara se acerca a la ventana y observa a los matones que llegan, para relevar, a los que custodian la puerta. Era imposible no escuchar, sus groserías, a viva voz. A veces ella cree, que se drogan, porque sus vozarrones, superan los límites normales. Y aunque no les presta mucha atención, de pronto, su corazón se detiene. No quiere creer, lo que acaba de escuchar. Se siente muy agobiada, pero con mucha cautela, decide pegarse a la puerta, para seguir escuchando lo que hablan.
— Mañana, antes de que amanezca, se va la doctora — y ella supone, que lleva en las manos, una capucha o algo similar, cuando le oye decir — Con esto, le vamos a cubrir la cabeza.
Los guardias siguen hablando, pero ella, a punto de desmayarse, se tira sobre una silla, porque no quiere escuchar más. Tantas veces deseó, que este momento llegara, y ahora, solo siente dolor, al tener que dejarlo a él, por detrás. Y ante tanta impotencia, comienza a llorar.
Pero de pronto, recobra el valor, y respira con fuerza. Ese valor, que la había acompañado siempre, y que ahora, no la podía abandonar. De un impulso, se pone de pie, y sin pensar en nada más, se dirige hacia el improvisado baño.
Y al tener delante a Xavier, tiembla, ante la imposibilidad, de dejar de mirar. Y aunque conoce cada centímetro de su piel, graba la imagen del Doctor X en su mente, para no olvidarlo jamás.
Xavier, al verla observando su cuerpo desnudo, con tanta devoción, se sorprende mucho. Ellos, habían decidido, no caer nunca más en la tentación, de volverse a amar, por eso no puede entender, qué hace Sara frente a él, ahora mismo.
— ¿Estabas llorando? — pero se sobresalta mucho, al ver sus ojos llorosos.
Sara, no responde de inmediato, y después de respirar profundamente, se le acerca, le tapa la boca, y le susurra al oído.
— Escúchame bien — y por un momento, cierra los ojos, para intentar olvidarse del cuerpo, que la roza — Llevo mucho tiempo, preparándome para este momento.
Xavier bastante exaltado, pretende entenderla, pero la mirada de Sara lo desconcierta.
— Sé, que no lo entiendes, y este es, el único lugar, que tenemos para hablar, sin que se escuche afuera — y con fuerza, lo abraza, para lograr decirle todo, al oído.
Xavier, ante tanta desesperación, la abraza con mucha fuerza.
— Mañana me sacan de aquí — y mientras habla, a Sara, las lágrimas se le atragantan — Lo acabo de escuchar. Te tapan la cabeza, para que no sepas hacia dónde vas, y te intercambian por dinero, en un lugar, que no podemos ni imaginar. Si no hay problemas, logras salir con vida, de esta pesadilla, y si no, ya sabes lo que pasa.
Xavier es ahora, el que cierra los ojos, al sentir, que un pedazo de su corazón se desgarra. Pero consciente, de que son sus últimos momentos juntos, la besa, con total desesperación.
— Pero… — y el llanto, sobre los propios labios de Xavier, no la dejan casi, ni hablar — Pero, no quiero irme y dejarte aquí.
Xavier la abraza duro, muy duro. No recuerda su vida anterior, pero para él es imposible suponer, que hubiera sentido tanto amor, por alguna otra persona. Y sabiendo, que no la verá más, se llena de valor, para decirle.
— Sara, hay que enfrentar la realidad. Tienes que irte — y con sus labios, le seca cada una de sus lágrimas — Lo que nunca permitiría es, que fuera al revés; me dejo matar primero.
Sara siente, que el pecho le va a estallar, pero con sus propios labios, evita que él, siga hablando. Y Xavier, intentando no pensar en la gravedad de lo que va a suceder, le corresponde con fuerza, a cada uno de sus besos.
— Escúchame, por favor. Llevo tiempo preparando un plan secreto de escape, y eso es, lo que vamos a hacer — y totalmente desesperada, lo mira — Antes de que me vengan a buscar, nos escaparemos.
— ¡¿Sara, has perdido la razón?! — Xavier, se desespera bastante — De aquí no hay quien salga; únicamente muerto.
— Tenemos que correr el riesgo, porque aquí no te voy a dejar — y desesperada, aún más, le explica — Lo tengo todo preparado. Era para mí, pero ahora será para los dos — y muy decidida, le ratifica — Ha llegado el momento.
— Sara, si estás decidida a hacerlo de esa manera, entonces dime, lo que tengo que hacer — y convencido, la mira con total atención.
Pero ella sabe muy bien, que su plan puede ser efectivo o no, por eso, antes de explicarle nada, toma otra decisión.
— Doctor X… — y suspira con mucha fuerza — Antes de explicártelo todo, quiero que me hagas el amor — y sin esperar su respuesta, Sara lo besa frenéticamente.
— Sara, habíamos decidido otra cosa — pero, aunque intenta ser sensato, no puede controlar su cuerpo.
— Se rompe la promesa. El mañana es incierto — es lo único, que Sara atina a responder.
Como por arte de magia, ambos se olvidan de todo. Del lugar, de la situación, de lo que podría pasar, y de la posibilidad de morir en el intento. Se entregan al amor, y lo dan todo, como si no hubiera un mañana, para ellos.
— No sé, qué pasará — Xavier la mira, aún, sin aliento — Pero quiero que sepas, que te amo, Sara.
— Yo te amo Doctor X, desde el primer día, que te tuve en mis manos — y Sara sonríe, pero esta vez, algo avergonzada.
Sin perder un minuto más, salen del baño, comen la comida, que le habían traído, y se disponen a tomar el café, que quedó, y que ya estaba frio. Sara está asustada, pero decidida y Xavier se ve tranquilo.
— Brindemos con café — Sara lo mira y sonríe.
— Hagámoslo — y chocan sus vasijas, en una señal, de puro optimismo.
— Estamos en abril, si mi cuenta no falla. Así, que pidamos, que haya muchas primaveras para nosotros — Sara vuelve a sonreír, pero por dentro sabe, a lo que se enfrentan.
— Que así sea, Sara — ratifica Xavier.
Los pensamientos de Sara, no son solo hacia el peligro, al que se enfrentarán, lo que más la agobia es pensar, que no habrá un futuro para ellos, porque está convencida, de que, en su mundo, alguien lo llora, y lo espera. Pero, despojándose de todo pesimismo, le indica a Xavier, paso a paso, lo que debe hacer. Que por lo pronto es, hacerse el dormido y esperar, a que lo vengan a buscar. Y al instante, ella coloca en la ventana, la señal acordada, y con algo de sobresalto, se va a su cama. En estos momentos, ambos parecen dormidos, pero no lo están.
Transcurren unos treinta minutos, de total zozobra, y de forma abrupta, dos soldados, empujan la puerta, e irrumpen en la cabaña.
— ¡Despierta! — y con bastante brutalidad, le gritan a ella.
Xavier intenta intervenir, pero lo empujan con fuerza.
— Tú no, imbécil. Solo ella — y sin piedad, lo acorralan sobre su cama.
A empujones, Sara sale de la cabaña, y Xavier, muy agobiado, se queda pensando, en que quizás, no la vuelva a ver.
— ¿Qué pasa? ¿A dónde me llevan? — les pregunta Sara, mientras la empujan despiadadamente, con la bayoneta.
— No preguntes y sigue caminando — con total grosería, le responden, a la par.
Sara no pierde el tino, a pesar de la brusquedad, y va reconociendo el camino, por donde la llevan. Al entrar a la cabaña de la chica, que ha sido su paciente por meses, la encuentra anegada en llanto.
— Doctora, ayúdeme — y desesperada, la chica se toca la pierna operada — Me he caído, y no puedo soportar el dolor de mi pierna.
— Pero, ¿cómo ha sido posible? — Sara consternada, se le acerca.
— No lo sé bien, pero el dolor es muy intenso — la chica llora, sin consuelo.
Sara, visiblemente preocupada, mira para el guardia.
— Ayúdame a llevarla — y con fuerza, lo insta con la mirada.
De inmediato, entre los dos, la toman en brazos, y la acomodan sobre la cama. Pero el guardia, lejos de Sara suponerlo, se queda dentro de la habitación, sin perderles ni pie, ni pisada.
— Por favor, sal de aquí. Debo desvestirla — Sara con bastante aplomo, lo mira directo a la cara.
— Tengo órdenes, de no dejarla sola, ni un momento — el soldado, prácticamente gritaba.
— Pero imagino que tu jefe, no querrá saber, que has visto a su novia, desnuda — Sara se le encara, sin miedo, alguno — Recuerda lo que les pasa a los que infringen sus deseos — y con un gesto, que parecía de loca, se lleva la mano al cuello.
El soldado aterrorizado, traga en seco, y de solo imaginar, lo que le podría suceder, las deja solas. Momento, en el que de inmediato, Sara cierra la puerta, por dentro.
— Perfecto, Galia. Sigamos con el plan — Sara intenta controlar sus nervios, y después de tomar aire con fuerza, le pregunta — ¿Y tu marido?
— Debe llegar al amanecer, para personalmente, ocuparse de tu traslado — los ojos de Galia, delatan un terrible miedo — Solo tenemos dos horas, doctora.
— Lo lograremos, Galia. Lo lograremos — y sin pensarlo más, Sara, pone manos a la obra.
Envuelve la pierna de la chica, en una gaza. Saca un cuchillo, que tenía escondido, y delante de los ojos asombrados de Galia, se corta así misma, y con la sangre que brota, moja bastante la gaza.
— ¡Qué valor tienes! — le dice Galia, con los ojos totalmente desorbitados.
Pero Sara, levanta la vista para mirarla, y a pesar de la situación, sonríe. Para ella, valor tenía la chica, que se estaba jugando la vida por ayudarla.
— Es el momento, Galia ¿Estás lista? — Sara la mira fijamente, y ella asiente, con la mirada.
Sara cierra los ojos y respira intensamente. Se dirige, hacia la puerta y desesperada, le grita al guardia.
— Necesito que traigas al otro doctor, con urgencia — y muy temblorosa, señala para Galia — Se ha desmayado, y sangra mucho. Yo sola no puedo controlar la hemorragia.
Ante la duda del soldado, Sara le habla con más fuerza; prácticamente, lo agrede.
— Corre idiota, o cargarás con la muerte, de la mujer de tu jefe — y ante sus desesperados gritos, el sicario sale corriendo, en busca de Xavier.
Sudoroso y con el terror dibujado en su rostro, a los pocos minutos llega a la cabaña.
— Tengo que llevarme al otro médico, urgentemente — sobresaltado, le dice al soldado, que custodia la puerta.
— Eso es imposible. Tal parece, que te has vuelto loco — y con total fuerza, se postra en la entrada — No tengo órdenes para eso.
— Es preciso, que me des paso, o tendré que usar la fuerza — y sin más, lo empuña con el arma, sin reparo alguno — Yo no voy a cargar con la culpa, de que se desangre la mujer del jefe — y apretando el arma contra su cabeza, le ratifica — Si se muere, solo tú serás el culpable.
Ante esa terrible posibilidad, el guardia se aconseja, y unido al otro, a punta de escopeta, sacan a Xavier de la cama, y lo llevan hacia la cabaña del jefe.
— Camina rápido, imbécil — y sin compasión, lo empujan — Si se desangra, te cortarán la cabeza.
En todos los sucesos acaecidos, ha trascurrido, casi una hora, y Sara no puede evitar, sentirse totalmente sobresaltada, cuando ve llegar a Xavier, que, en voz alta, y visiblemente exaltado, le dice.
— Ese sangramiento puede ser muy grave, déjame revisarlo, con urgencia — y mientras Xavier, con premura, se acerca a la paciente, Sara, detrás de él, cierra la puerta.
Al instante, Sara, aunque se ve bastante asustada, se le acerca, para hablarle al oído.
— Solo tenemos una hora — y trata de tomar aire, porque siente, que, con tanta tensión, se ahoga.
— Es suficiente tiempo, Sara — y completamente decidido, Xavier le transmite confianza — Vamos a lograrlo.
Pero en ese momento, surge un inconveniente, con el que no contaban.
— Doctora, yo no iré, como le había prometido — Galia, de forma descontrolada, comienza a llorar.
— ¿Cómo que no irás, Galia? — Sara se atormenta enormemente — Cuando te descubran, te matarán. Él mismo te matará, con sus propias manos.
— No puedo irme y dejar a mi familia por detrás — el temblor de Galia, es tan incontenible, como su propio llanto — ¿Qué hago con salvarme yo, y que los mate a todos, cuando él, no me vea aquí?
Sara totalmente descontrolada, se lleva las manos a la cabeza. Este imprevisto es, una gran contrariedad, porque sin dudas sabía, que, si ella se quedaba, no sobreviviría. Y Xavier, se siente atrapado en medio de las dos, sin saber, qué hacer.
— Tenemos solo cinco minutos, para decidirnos — y con firmeza, Xavier mira hacia Sara — ¿Abortamos todo, o decidimos seguir adelante?
Sara llora de impotencia, y también se siente entre dos fuegos, cuando mira hacia Galia, y después, hacia Xavier. Pero la decisión tiene que ser una sola, no hay marcha atrás.
— Nos vamos — y muy apurada, Sara le dice a Xavier — Ayúdame a atarla.
Y con la inmensa bondad, de una chica prisionera de su destino, ellos, mientras la atan, tienen que despojarse de sentimentalismo, para escuchar sus explicaciones.
— Todo va a salir bien, Doctora. Confíe en mí. Llevamos mucho tiempo preparando este plan, y no va a fallar — y todavía en estas circunstancias, Galia sonríe — Ojalá un día, nos podamos ver, muy lejos de aquí — la ingenuidad de Galia, desconcierta a Sara, que ha tratado de sobreponerse, para no llorar — Mi primo los espera, en el lugar acordado. Todo sigue, como lo planificamos, excepto, que yo no iré con ustedes.
— Gracias, Galia — Sara la abraza y la besa en la frente. Sabe muy bien, que es muy poco probable, que se vuelvan a ver.
Sin tiempo para más, Sara y Xavier salen, por la puerta trasera, y corren hacia el campo. Tienen que llegar, hasta un puesto de vigilancia, donde el primo de Galia, ya había relevado al soldado anterior, y que muy asustado, y mirando la hora constantemente, los ve corriendo hacia él.
— Doctora, aquí tiene la mochila, con todo lo que nos indicó — él chico casi no puede hablar, por el temblor de su voz — Dentro, va un móvil, para que puedan llamar — y muy sudoroso, nuevamente, mira la hora — Tienen el tiempo justo, para tomar el tren, que va a la otra ciudad fronteriza.
— Muchas gracias — Sara lo abraza, sin poder contener su llanto. Son personas buenas, que se están jugando la vida por ellos.
— Tienen que correr, si no, perderán el tren, y no habrá más hasta dentro de 24 horas — el primo de Galia, se ve aterrorizado — Después que tomen el tren, ya van por su cuenta. Hasta ahí, podemos ayudarlos.
Xavier lo mira agradecido, pero no se turba, ni por un momento. Toma con fuerza, la mano de Sara, y sin mirar hacia atrás, comienzan a correr, hacia su vida real.
Y cuando habían avanzado, escasamente un kilómetro, sienten los disparos detrás de ellos. Sara desfallecida, comienza a llorar y pierde toda la fuerza que tenía. No puede dejar de pensar, que, probablemente hasta ahí, había llegado la vida de Galia, y quizás, hasta la de su primo.
— Sara, no pienses. Ahora, no tenemos ese privilegio — Xavier, con fuerza, la toma por sus brazos — No sabemos qué pasó, pero en su honor, no debemos flaquear. Nosotros hemos salvado muchas vidas, piensa que ahora, alguien lo ha hecho por nosotros — y totalmente desesperado, la mira — Sara, mi amor, aférrate a mí, y corre a mi lado, sin mirar hacia atrás.
Para Xavier mencionar con tanta devoción, la palabra, «corre corre», le hace recordar perfectamente, el día en que fue capturado. En este momento, las imágenes le vienen a la mente, unas tras otras. Y recuerda con total nitidez, cuando les pedía a sus colegas, que corrieran para salvar sus vidas. Los rostros de Katia y de Alexei, los tiene grabados en su memoria. No recuerda sus nombres, pero le parece, estar viéndolos en medio de aquel terrible atentado.
Pero los pensamientos de Xavier, no lo detienen, y aunque siente dolor, sigue adelante. Su malestar no importa, porque lo único que quiere es, salvar a Sara, como ella, hizo con él.
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