BAILAR EMOCIONALMENTE
Existen capas para instalarse en el baile de tango. Desde la más superficial a la más profunda. Aprender a penetrar esas capas, es un…
BAILAR EMOCIONALMENTE
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Existen capas para instalarse en el baile de tango. Desde la más superficial a la más profunda. Aprender a penetrar esas capas, es un proceso imprescindible para acercarse a bailar de forma no sólo física sino también emocional.
Imaginemos, simbólicamente, que el lugar donde se baila emocionalmente es un espacio tridimensional generado por cuatro planos. Acceder a su interior requiere entrenamiento, investigación y experimentación. Para que el baile sea emocional, es necesario que ambos bailarines sepan cómo acceder a ese espacio. Y no hay atajos.
Honestamente, son tantas las variables que intervienen, que las posibilidades de que ambos accedan conjuntamente a ese lugar en general son pequeñas. Pero ese es el reto. Eso sí, cuando ese lugar se visualiza, se hace todo lo posible por instalarse en él. A eso aquí lo llamamos bailar al otro lado de la línea.
Primer Plano:
El primer plano está constituido por el conocimiento de la música de tango. Ya sea de forma racional o intuitiva. Entender cómo es la estructura musical, primero del tango y después de las distintas orquestas.
La forma en que esas orquestas conciben la melodía y la armonía definen su estilo, el cual viene generado por el ritmo, el tiempo, los modelos de marcación, las articulaciones, la textura etc. Todo ese conjunto debe invitar a los bailarines a expresar cada orquesta y cada tango de forma diferente, huyendo de un baile literal y lineal, buscando siempre la circularidad.
Es esencial, además, que la música que escuchan les produzca algún tipo de impacto emocional. Esa emoción, la deben transformar en un sentimiento unitario y mantenido.
Segundo Plano:
El segundo plano queda definido por el conocimiento del “instrumento” con el que bailamos, de nuestro cuerpo. Hay que llegar a entender que somos un artilugio dinámicamente complejo constituido por distintos segmentos que pueden pasar de la articulación al empotramiento y que tienen múltiples posibilidades de movimiento.
Ese trabajo de reconocimiento y de propiocepción es esencial, porque el cuerpo se tiene que mover de forma global y unitaria, de los pies a la cabeza, desde el suelo hasta el techo, activando y desactivando permanentemente las distintas cadenas musculares con precisión y consciencia.
El tango es un baile social. No requiere movimientos complejos, todos los podemos realizar. Pero la diferencia radica en la calidad, en la precisión, en la consciencia corporal y la capacidad de saber movernos jugando con los distintos elementos que van a permitir desplazarnos con fluidez, primero con uno mismo y después abrazados a otra persona. Esa es la idea que va a definir la limpieza y efectividad de cada movimiento, la Precisión Corporal.
Tercer Plano:
El tercer plano está determinado por nuestra exterocepción, por la capacidad de percibir las condiciones corporales, la energía y las habilidades dinámicas del otro.
Si bailar tango es improvisación, es necesario entender las condiciones biomecánicas de la pareja y adaptarse para que cada movimiento, abrazados, prepare el siguiente.
Esa adaptación corporal es obligatoria, ambos deben captar rápidamente qué movimientos pueden perturbar la conexión entre ambos para evitarlos.
Todavía se siguen manejando esquemas de lo que nosotros llamamos “protobaile de tango”, basados en el concepto de la marca, donde uno/a baila con la premisa de qué quiero que haga y el otro/a baila con la idea de adivinar qué quiere que haga. Ese modelo suele generar interferencias, conflictos y desconexión.
Esa forma de plantear el baile no permite establecer una conexión permanente. Por tanto, de alcanzar un baile realmente emocional.
Cuarto Plano:
Integrar perfectamente los tres planos anteriores, determina con seguridad un baile emotivo, de esos que cuando termina la tanda uno se siente satisfecho. De los que nos hacen sentir:
“con esta tanda ya me podría ir a casa”.
Pero hay otra opción, otro escalón más arriba, que es cuando terminas la tanda y lo que sientes es “Quiero Más”.
Ese deseo solo aparece cuando ambos han entrado juntos al interior de ese espacio simbólico. Cuando los dos han sabido dar el cien por ciento.
Cuando ambos han entendido el cuarto plano y penetran al interior del espacio, van a conseguir: traspasar la línea; bailar en tiempo Kairós y no en tiempo Cronos; bailar accediendo a un estado de flujo.
El reto final, es lograr un baile que fusione la forma de sentir y expresar el tango. Que la música establezca un trasvase continuo de emociones, hasta convertirlas en una sola emoción compartida para entrar en un estado de flujo. Que se cree un baile unitario, completo, único y emocionante.
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