La realidad del reclutamiento
Es un comentario habitual entre profesionales de distintos mercados y profesiones la percepción de que existe una grave desconexión entre…
La realidad del reclutamiento

Es un comentario habitual entre profesionales de distintos mercados y profesiones la percepción de que existe una grave desconexión entre los procesos de reclutamiento y las expectativas de los candidatos. Se repiten historias como: “se demoraron cuatro meses en llamarme”, “me hicieron pasar por cinco etapas para terminar descartando el proceso” o cuestiones todavía más absurdas, como “si no tienes certificaciones o no has trabajado para una empresa estadounidense, entonces no tienes oportunidad”.
Todas esas frases reflejan una misma realidad: una falta de sincronía con las expectativas del candidato, poco respeto por el tiempo que invierte en cada proceso y exigencias que, con demasiada frecuencia, alcanzan un nivel de incongruencia difícil de justificar. Y esto último lo califico de absurdo porque ambas situaciones solo pueden materializarse cuando la oportunidad ya existe. Nadie invierte tiempo y dinero en una certificación costosa si, incluso obteniéndola, la contratación sigue siendo una posibilidad remota. Lo de “haber trabajado para una empresa gringa”, por su parte, resiste todavía menos análisis. Además de representar un nuevo grado de actitud pueblerina, detrás de esa supuesta “condición” suelen esconderse vicios mucho más profundos del propio proceso de selección.
Muchos reclutadores presentan estos requisitos como si fueran atributos intrínsecos del candidato, cuando en realidad trasladan al postulante responsabilidades que corresponden a la empresa. La capacitación es una obligación organizacional antes que una carga individual. Las certificaciones, cuando realmente son relevantes para el negocio, deberían ser promovidas y financiadas por la propia compañía, porque es la primera interesada en elevar el nivel técnico de sus equipos. Convertirlas en un filtro previo no fortalece el proceso de selección; simplemente desplaza el costo de formar talento hacia quienes todavía ni siquiera forman parte de la organización.
El rápido avance de la tecnología hace aún más evidente esa contradicción. Hoy es difícil terminar de dominar una herramienta antes de que aparezca una nueva versión, cambien las prácticas recomendadas o el mercado se desplace hacia otra tecnología. En ese contexto, la formación debería ser continua, ágil y parte natural del trabajo. Pretender que el candidato llegue con una colección de certificaciones obtenidas por iniciativa propia ignora la velocidad con la que el conocimiento pierde vigencia. Sin un entorno donde aplicar esos conocimientos de manera permanente, muchos de esos certificados caducan mucho antes de que la inversión realizada tenga un retorno real.
El argumento habitual para justificar esta postura es el riesgo de capacitar a un especialista y que, una vez formado, decida marcharse. Sin embargo, ese razonamiento dice bastante más sobre la empresa que sobre el trabajador. Si una organización teme constantemente perder a las personas que desarrolla, el problema no es la capacitación. El problema son las políticas de fidelización, las rutas de carrera poco claras y una cultura organizacional incapaz de retener talento.
En lugar de revisar esas deficiencias, muchas empresas prefieren exigir candidatos que lleguen completamente preparados, con experiencia específica, certificaciones vigentes y un historial laboral cuidadosamente seleccionado para satisfacer filtros que ellas mismas definieron. Es una forma de encubrir carencias internas trasladando la responsabilidad al postulante y levantando barreras artificiales que poco dicen sobre el potencial real de una persona.
Al final, este tipo de procesos no necesariamente identifica a los mejores profesionales. Identifica, sobre todo, a quienes tuvieron la posibilidad económica de costear determinadas certificaciones, la oportunidad de trabajar en las empresas “correctas” o la fortuna de construir un currículum que encaje con una lista de requisitos muchas veces arbitraria. Eso no es seleccionar mejor talento. Es confundir credenciales con capacidad, trayectoria con potencial y comodidad del reclutador con calidad del proceso.
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