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Wickham y la leche del diablo

El diablo, criatura mítica, acompaña a la región amazónica en diversas circunstancias de su geografía y características naturales.

Pablo Jarrín-V. · 2021-08-05 21:57 · 1 claps · 7.6 min read
#caucho #hevea #región-amazónica #henry-wickham #biopiratería
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Wickham y la leche del diablo

Sir Henry Wickham. Bain News Service, Library of Congress. Bain News Service, publisher. Catalog. Imagen en el dominio público. https://lccn.loc.gov/2014718318. Descargado de: https://wiki2.org/en/Henry_Wickham_(explorer)+Newton#/media/File:Sir_Henry_Wickham_LCCN2014718318.jpg

Sir Henry Wickham. Bain News Service, Library of Congress. Bain News Service, publisher. Catalog. Imagen en el dominio público. https://lccn.loc.gov/2014718318. Descargado de: https://wiki2.org/en/Henry_Wickham_(explorer)+Newton#/media/File:Sir_Henry_Wickham_LCCN2014718318.jpg

El diablo, criatura mítica, acompaña a la región amazónica en diversas circunstancias de su geografía y características naturales. Si es una región que “dios creo con ira”, como la definió Werner Herzog en su documental “Burden of Dreams” (1982), podría ser apropiado considerarla “El Paraíso del Diablo”, como tituló Walter Hardenburg a su obra y denuncia sobre las atrocidades que sufrieron los indígenas amazónicos durante la fiebre del caucho¹. El diablo también tuvo que ver con la visión de Juan Pablo Pérez Alfonso sobre el petróleo. Fundador de la OPEC y ministro de petróleo en la Venezuela de 1960, Pérez Alfonso acuñó el término “excremento del diablo” para este fenómeno geológico que energiza la economía e industria del mundo. El diablo también estuvo en las características vegetales de la región y asociada a una forma de riqueza, que en su tiempo tuvo relevancia similar a la del petróleo. “La Leche del Diablo, Una Historia Social del Caucho” es la obra por la cual John Tully relata la evolución y muerte de esta forma pasajera y destructiva de riqueza durante finales del siglo XIX e inicios del XX para la región amazónica.

La historia del caucho amazónico guarda el triste recuerdo del sufrimiento, explotación y muerte de miles de pobladores indígenas e inmigrantes europeos, de fugaces riquezas y fracasos económicos. Es que este polímero vegetal, producto del metabolismo natural de las plantas, alguna vez fue tan importante como el oro, petróleo o cualquier otro producto esencial para la industria.

Nacido en 1846, Henry Wickham vivió intensamente el espíritu victoriano. Bajo la mirada de la reina Victoria de Kent, aquella fue una época de innovación tecnológica que transformó al mundo y generó riqueza y bienestar. Situada entre 1837 y 1901, la era victoriana fue testigo de la primera revolución industrial, la invención del telégrafo, el ferrocarril, los navíos de vapor, las bicicletas y más tarde los automóviles. Era una época impulsada por nuevas formas de transporte y comunicación, una nueva era de exploraciones y emprendimientos nacidos de la curiosidad, ambición y descubrimiento. Los nuevos inventos tecnológicos se convirtieron en nuevas industrias, hambrientas de materias primas, que reclamaban cada vez más recursos naturales.

Impulsado por el espíritu liberal de la época, alimentado por la imaginación, apetito de riqueza y curiosidad, Wickham pasó 40 años viajando por los trópicos y experimentando con diversas formas de generar riqueza a partir de los recursos naturales de Sur América y las colonias británicas en el Asia. Durante los años que estuvo en la región Amazónica, el caucho natural proveniente del árbol Hevea brasiliensis era un componente esencial para la industrialización del Imperio Británico y para una sociedad de consumo en acelerada expansión. El Imperio estaba sediento de toneladas de caucho y había planificado, durante largo tiempo, la estrategia de convertir a sus territorios en el sudeste asiático en fuentes propias de este látex vegetal, evitando así la dependencia del Brasil y Perú. Wickham, quien en ese momento había perdido a su esposa, madre, hermana y otros familiares por lo males del trópico y sin éxito alguno en sus empresas por convertir a los árboles de Hevea en plantaciones manejables, recibió con gusto el encargo imperial de transportar muestras viables de este árbol hacia el corazón de Imperio.

Extracción del caucho natural. Fotografía por Jan-Pieter Nap. Imagen en el dominio público. Descargada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Latex-production.jpg

Extracción del caucho natural. Fotografía por Jan-Pieter Nap. Imagen en el dominio público. Descargada de https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Latex-production.jpg

Fueron 70.000 semillas, correspondientes a media tonelada, las que Wickham embarcó en un navío de vapor dirigido hacia las costas inglesas. Su arribo al Real Jardín Botánico de Kew en 1876 fue la intersección del espíritu imperialista, la curiosidad científica y la ambición comercial, la receta esencial para el progreso en donde la ciencia juega el papel fundamental para el desarrollo tecnológico y comercial². En Kew se intentó cuidadosamente germinar la mayor parte de las semillas y cerca de 2500 plántulas fueron finalmente transportadas hacia los territorios de lo que hoy es Malasia, Singapur, Indonesia, Sri Lanka, India y África. Dónde antes el caucho fue desconocido, las plántulas de Kew crecieron con fortaleza y fertilidad, en plantaciones organizadas y eficientes.

Los territorios ingleses en el sudeste asiático fueron el campo de ensayo para los sembríos de los árboles de Hevea. El esfuerzo tomó más de tres décadas, pero para el año 1913 el Imperio Británico inundó el mercado mundial con su producción de caucho, el comercio mundial de este “commodity” estaba finalmente en poder de los británicos. Según Joe Jackson, en su libro “The Thief at the End of the World”³ el cambio de fortunas fue radical, ya que durante 1900 el 95% del comercio mundial le pertenecía a la región amazónica, pero para 1928 la región solo aportaba con el 2.3%.

Según Ann Lane⁴, este árbol transformó a la región asiática, le entregó riqueza y alteró para siempre sus paisajes con más de 80 millones de árboles en monocultivos. En contraste opuesto, la región amazónica quedó devastada, con economías quebradas, proyectos de infraestructura abandonados y la profundización de la pobreza y desigualdad. El costo en vidas y sufrimiento, como lo denunció Roger Casement en 1910⁵, fue en vano.

Monocultivo del caucho. Foto original por M. arunprasad. Usado bajo licencia CC BY 2.5. Descargado de: https://wiki2.org/en/Natural_rubber+Newton#/media/File:Rubber_trees_in_Kerala,_India.jpg

Monocultivo del caucho. Foto original por M. arunprasad. Usado bajo licencia CC BY 2.5. Descargado de: https://wiki2.org/en/Natural_rubber+Newton#/media/File:Rubber_trees_in_Kerala,_India.jpg

En cuanto a Henry Wickham, sus honorarios por el robo de las semillas fueron exiguos y su vida transcurrió entre las plantas útiles, de un proyecto hacia otro, todos fracasados. Wickham sería el primero en experimentar la comercialización de esponjas y en intentar la producción industrial de perlas, así como el gestor fallido en la producción de fibras y aceites vegetales. Ya a edad avanzada, mientras vivía su vejez en Londres, el Imperio Británico le otorgaría el título nobiliario de caballero. Wickham fue quien declaró falsamente como especímenes científicos a las semillas de caucho que salieron del Brasil hacia Inglaterra y hay quienes le llaman el biopirata más grande de la historia. Pero es muy posible que la hazaña de Wickham tuviera el apoyo de productores locales; como señala Warren Dean en su libro “Brazil and the Struggle for Rubber: A Study in Environmental History”⁶, habría sido extraño para un extranjero inglés colectar grandes volúmenes de semillas con la ayuda de los nativos, sin haber tenido autorización previa de los terratenientes o barones del caucho.

La historia del traspaso transoceánico del caucho y la subsecuente revolución financiera en el mercado internacional es un ejemplo de como el engranaje apropiado entre la empresa científica, la coordinación estatal en beneficio de toda una sociedad y la ambición comercial pueden transformar el mundo, transferir riquezas a escalas continentales y quebrar las economías de aquellas naciones que no han logrado encajar los engranajes necesarios.

Bolas de caucho siendo comercializadas en la ciudad de Manus, 1906. Archivo Nacional de Brasil. Foto en el dominio público. Descargadp de: https://en.wikipedia.org/wiki/Amazon_rubber_boom#/media/File:Beneficiamento_da_borracha,_Manaus_(AM).tif

Bolas de caucho siendo comercializadas en la ciudad de Manus, 1906. Archivo Nacional de Brasil. Foto en el dominio público. Descargadp de: https://en.wikipedia.org/wiki/Amazon_rubber_boom#/media/File:Beneficiamento_da_borracha,_Manaus_(AM).tif

Ya para 1920, los Estados Unidos consumían tres cuartas partes de la producción global de caucho, con la industria de los automóviles de Henry Ford como uno de los principales clientes. De los 25 millones de toneladas de caucho que se producen anualmente, un 30% sigue siendo natural. Según la bolsa de commodities de Singapur (una de las bolsas de productos más importantes para el caucho), el valor promedio de esta materia prima era de $4.82/Kg en el año 2011. Para el año 2020 fue de $1.73/Kg. La Asociación de Países Productores de Caucho Natural anticipa un crecimiento del 5.8% para el año 2021, con una demanda mundial de 13.812 toneladas.

En los EEUU y otras partes desarrolladas del mundo, hay un interés activo por la búsqueda y utilización de otras fuentes naturales de caucho, que puedan crecer en territorios nacionales, evitando así la dependencia de mercados internacionales. Estos esfuerzos suelen incluir al sector privado y público, como el “Programa PENRA”⁷ en la Universidad de Ohio y que se encuentra desarrollando alternativas tecnológicas con una herbácea pariente del diente de león en alianza con el Departamento de Agricultura de los EEUU y Ford Motor Co., entre otras industrias.

De esta forma, el caucho que alguna vez fue la propiedad intelectual de los indígenas americanos para el juego de pelota⁸, se convertiría en una industria mundial que alimentaría a la primera revolución industrial, pero que sería también el azote para decenas de miles de indígenas amazónicos. La celebrada biodiversidad amazónica tiene el costo de abundancias escasas y dispersas, que convertían a la búsqueda y explotación del caucho en una empresa arriesgada y costosa. Las leyes de la evolución y selección natural determinan que especies tropicales trasplantadas hacia otras latitudes gozan de la libertad de reproducirse libres de sus enemigos naturales, como los hongos y otras plagas. Esta ley natural es el ardid del biopirata o la bendición de los mercados competitivos. Mientras que la empresa del caucho amazónico era una basada en caza y recolección, la producción asiática fue y sigue siendo la del monocultivo organizado e industrializado. Esto determinaría finalmente el monopolio del Imperio Británico sobre la “leche del diablo” e iniciaría una desafortunada cadena de eventos sobre la región amazónica, como lo fue la ciudad perdida de Henry Ford en medio de la selva; pero esto es material para otra de las muchas historias que hacen de la región amazónica una tierra de locura, surrealismo e imaginación.

Representatción del juego de pelota mesoamericano. Detalle del mural en el complejo Tepantitla en Teotihuacan. Detalle de foto por Daniela Lobo, reproducido bajo licencia CC BY 2.0. Descargado de: https://wiki2.org/en/Mesoamerican_ballgame+Newton#/media/File:Tepantitla_mural,_Ballplayer_B_Cropped.jpg

Representatción del juego de pelota mesoamericano. Detalle del mural en el complejo Tepantitla en Teotihuacan. Detalle de foto por Daniela Lobo, reproducido bajo licencia CC BY 2.0. Descargado de: https://wiki2.org/en/Mesoamerican_ballgame+Newton#/media/File:Tepantitla_mural,_Ballplayer_B_Cropped.jpg

Referencias

[1] W. E. Hardenburg. 1912. The Putumayo, The Devil’s Paradise, Travels in the Peruvian Amazon Region and an Account of the Atrocities Committed Upon the Indians Therein. T. Fisher Unwin, London. Libro basado en los reportes de Hardenburg sobre el genocidio cometido por lo varones del caucho sobre los indígenas amazónicos. Hardenburg colaboraría con Roger Casement en reportes al gobierno británico sobre las atrocidades observadas en el Amazonas.

[2] Lane, A. The Pacific as Rhizome: The Case of Sir Henry Alexander Wickham, Planter, and His Transnational Plants. Pp. 183–196. En: Transnational Ties: Australian Lives in the World (D. Deacon, P. Russell y A. Woollacott, eds). ANUU Lives Series in Biography, ANU Press, Australia.

[3] Jackson, J. 2008. The Thief at the End of the World: Rubber, Power, and the Seeds of Empire. Viking, USA.

[4] Lane, A., Op Cit.

[5] Roger Casement (1864–1916) es visto como el padre de la investigación en derechos humanos, por sus aportes en denunciar los abusos en América y África. Diplomático y nacionalista irlandés, estableció vínculos con los Nazis y halló su fin luchando por la independencia de su nación tras ser acusado de traición por el Imperio Británico.

[6] Dean, W. 1987. Brazil and the Struggle for Rubber: A Study in Environmental History. Cambridge University Press, Cambridge.

[7] Las siglas PENRA corresponden a “The Program of Excellence in Natural Rubber Alternatives”, iniciativa liderada por la Universidad Estatal de Ohio en consorcio con el sector privado y público de los EEUU.

[8] El cronista de Indias Pedro Mártir (1457–1526) fue el primero en describir el uso del caucho natural por las poblaciones de Centroamérica, a partir de Castilla elastica, que incluía una forma de vulcanización mediante el extracto de Ipomoea alba. Más tarde se describiría formalmente la química involucrada en el proceso: Hosler, D., S. L. Burket y M. J. Tarkanian. 1999. Prehistoric Polymers: Rubber Processing in Ancient Mesoamérica. Science 284:1988–1991.


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