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Cine independiente o ¿cómo hacer un tripié con una caja de zapatos?

Si el mueble de la recámara está tambaleándose y le pusiste un papel doblado en una de las esquinas para nivelarlo, felicidades: eres…

quemar la imagen · 2026-03-17 19:04 · 1 claps · 4.6 min read
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Cine independiente o ¿cómo hacer un tripié con una caja de zapatos?

Si el mueble de la recámara está tambaleándose y le pusiste un papel doblado en una de las esquinas para nivelarlo, felicidades: eres creativo.

Este pequeño texto no pretende incursionar solo en el cine, pues desde su raíz, sus fundamentos pueden ser aplicables a cualquier ámbito.

El naturalismo cinematográfico en sus inicios, podría ser comparado con un bebé que descubre el mundo desde los instintos y medios más inmediatos. El cinematógrafo era ese bebé: capturando todo lo que se le presentara a su paso. Pero a medida que fue creciendo, las historias se volvieron más complejas. Ya no bastaba con mirar; necesitaba participar de la realidad, moldearla, tocarla, sentirla, abrazarla. Un bebé se vuelve un niño creativo: uno que encuentra en su entorno las herramientas para llevar a cabo sus fantasías. Ese niño posee el punto más alto de la esencia creativa.

Un cineasta, al crecer, se ve sometido a una realidad diferente, una realidad que empuja y orilla a olvidar lo aprendido. La creatividad se enfrenta a las problemáticas sociales y choca con ellas. Ya no es suficiente una cámara cualquiera. Las academias de arte escasean; de las pocas que hay, algunas tienen colegiaturas impagables y otras un cupo tan limitado que los estudiantes se cuentan con los dedos. Incluso tu presupuesto no alcanza para el “mejor equipo”. ¿En qué categoría entra tu cine cuando la película de Sean Baker, Anora (2025), costó aproximadamente 6 millones de dólares y se considera cine independiente?

El arte es caro y elitista, aunque esas dos cosas normalmente vayan juntas. Entonces, ¿qué es del artista en un entorno así?

El mercado empieza a determinar qué se hace, cómo se hace, para quién se hace y, sobre todo, quién puede hacerlo. Pero nosotros, como artistas, deberíamos hacernos también las mismas preguntas.

La pregunta no solo es ¿qué es del artista en un entorno elitista?, sino también ¿qué es del arte mismo? porque si el arte se encierra en círculos exclusivos, puede ganar valor en el mercado, pero corre el riesgo de perder algo más profundo: su capacidad de pertenecer a todxs.

Una de mis profesoras en el máster de producción cinematográfica, nos dijo dos cosas que son contradictorias entre sí pero que definen con veracidad a la industria:

La primera es que la vida de una película comienza con su distribución: circuitos de festivales, salas de cine comerciales y plataformas de streaming. Y una película muere cuando ya la vieron el máximo de personas posibles, cuando ya agotamos todos estos medios de visibilidad.

Digo que es contradictorio porque entonces muere sostenido de una mentira. Los festivales de cine son galas que reúnen a la élite de la industria, aquellas personas que “merecen la primicia”; las críticas que salgan de los festivales o los laureles impresos en los créditos inciales definen, en gran parte, el camino siguiente de la película (refiriéndome a festivales de Tipo A, el top trier).

La entrada a una sala de cine comercial tiene un precio, al igual que la suscripción a una plataforma de streaming. Entonces la película no murió cuando el máximo de personas posibles la vieron, murió cuando el máximo de personas posibles pudieron pagar para verla.

En esta era del consumismo, se nos dice que necesitamos comprar cosas que no necesitamos. Esto es contradictorio. El mundo capitalista es contradictorio, pero funciona mientras consumas, no mientras modifiques, propongas o crees. En tu posición, crear es único y modificar es revolucinario.

Modificar la realidad es el acto más creativo

¿La “mejor cámara” es la que “mejor graba” o es la más cara? ¿El que “mejor graba” es el que cumple con los estándares estéticos/técnicos del momento o el que es capaz de encontrar el propio lenguaje de su película? ¿Por qué parece que todas las películas deben someterse a los mismos procesos si las historias que se cuentan son tan distintas entre sí? ¿Qué se necesita realmente para hacer una película? ¿Por qué una película de bajo presupuesto en Estados Unidos cuesta un millón de dólares, en Europa quinientos mil euros y en México diez millones de pesos?

Los festivales tienen una competencia internacional que pretende poner películas de todas partes del mundo en una misma categoría, ignorando el presupuesto y condiciones de cada lugar de origen.

Propongo entonces que la película no “nazca” cuando ya existe y puede ser distribuida; nace desde la idea, los entornos, temas, paisajes, personas que la inspiran, desde lo que se hace para que esa película pueda existir.

La foto anterior es el puesto de venta de películas y libros de Luis Fabián, el creador y coautor de este escrito. Su película no sólo ya ha nacido sino que está más viva que nunca.

Las subvenciones públicas deciden el discurso de las películas del año siguiente, los festivales deciden qué cine merece ser premiado, las plataformas de streaming deciden lo que debes ver. En un mundo convertido en un iceberg, hay que saber mirar más profundo; ahí está la verdadera riqueza. Hay mucho que ver y oír, y dentro de todo eso se encuentran las posibilidades.

Todo esto lo digo porque es necesario reconocer que cada día hay acceso a herramientas más económicas para filmar. Alguien que vive en la Ciudad de México sabrá que un lente canon de 75–300mm está más barato si se compra en los locales del centro de la ciudad, que si se compra en la tienda oficial. El acto creativo existe por su sola naturaleza, pero es importante también buscar las herramientas que nos permitan experimentar; y con estas herramientas no sólo nos referimos a las materiales, sino también a las ideológicas. Pensar en cómo definimos el valor de una película. ¿Por su calidad de imagen? y esa crítica a la calidad de la imagen ¿está basada en su alta definición o en el uso del lenguaje cinematográfico? ¿o es más valiosa porque ya pasó por Cannes y Venecia? ¿o porque pudieron pagar a un actor reconocido? ¿o porque ganó un Oscar? o más reciente aún, porque las redes sociales te han dicho que debe gustarte.

Me emociona mucho lo que dice Guillermo del Toro en una entrevista con BigThink:

“Anyone can be a director”

Históricamente hemos demostrado que podemos hacer cine con mucho y con poco, con actores y no actores, con decorados o en localizaciones reales, con luz natural o artificial, con cámaras caras o baratas, con estudios o sin estudios. Han nacido vanguardias y movimientos cinematográficos por la necesidad de filmar. Entonces la barrera nunca han sido los medios, sino la cabida que tienen esas películas en nuestra definición de arte.

Existe una comunidad de resistencia frente a los organismos de poder. El arte está en las calles, el arte vive en las manos de aquellos que aprenden a hacer mucho con tan poco, aquellos que saben cómo hacer un tripié con una caja de zapatos.

Escrito por Luis Fabián y Harper.


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