Raquetas rotas
Toni Nadal, tío y ex entrenador de Rafael Nadal, cuenta que cuando Rafa tenía 15 años perdió un partido 0–6/5–7 contra un rival al que…
Raquetas rotas

Toni Nadal, tío y ex entrenador de Rafael Nadal, cuenta que cuando Rafa tenía 15 años perdió un partido 0–6/5–7 contra un rival al que siempre le había ganado fácilmente. Durante el partido, Toni se dio cuenta que Rafa estaba jugando con la raqueta rota y así jugó gran parte del partido hasta que, tras varios games perdidos, decidió decirle. Después, mientras analizaban la derrota, Toni le preguntó a Rafa cómo no se había dado cuenta de que la raqueta estaba rota. La respuesta de Rafa fue clara: “Estoy tan acostumbrado a responsabilizarme a mí mismo, que para nada me hubiera imaginado que fuera la raqueta la que me hacía perder”.
Esta anécdota, que aterriza en lo absurdo, tiene una de las lecciones que más me ha retumbado la cabeza en los últimos meses: vivimos fascinados justificando nuestros problemas. Parece que nos acostumbramos a defender nuestros errores, nuestras reacciones irracionales y nuestros momentos malos. Nos acostumbramos y no nos damos cuenta de que el resultado eminente es que nos quedamos estancados en ellos.
Carol Dweck, en su libro Mindset, le da un nombre a esta forma de vivir: fixed mindset o mentalidad estancada. Según Dweck, las personas con mentalidad estancada creen que son de una determinada manera y no hay forma de cambiar eso. Por tanto, justifican sus problemas con excusas como “así soy yo” o “es culpa de”. Entonces es típico escucharles cosas como “no puedo levantarme temprano”, “no soy bueno con los números”, “el día está muy gris y así no puedo tener buena actitud”, “no se me da la tecnología”, “las cosas siempre se han hecho así”, en fin.
Por el contrario, la mentalidad opuesta, la cual Dweck llama growth mindset o mentalidad de crecimiento, se basa en que las personas creen que las cualidades y habilidades se pueden mejorar y aprender por medio de esfuerzo, estrategias y ayudas de terceros. Ellos creen que se puede crecer como persona mediante procesos de aprendizaje constante. Así, con la mentalidad de crecimiento, los problemas son vistos como oportunidades de mejora y los fracasos como derrotas dentro de un camino largo. Creen, en últimas, que el cambio es posible.
La base de la mentalidad de crecimiento — de este modo de vida — es, por supuesto, no buscar justificaciones, no tener excusas. Primero, frente a las dificultades, es necesario un proceso profundo de entendimiento de la responsabilidad propia y, así, buscar la estrategia adecuada para solucionar lo que es solucionable. Si se quiere hacer algo, se encuentra un medio; si no se quiere hacer, se encuentra una excusa.
Muchas veces nos sentimos miserables en algún aspecto de nuestra vida e inmediatamente buscamos culpables: el jefe, el empleado, el ambiente laboral, la familia, nuestra pareja, nuestros amigos, el país en el que nacimos, nuestra falta de inteligencia o habilidad. Y es verdad, a veces hay raquetas rotas. Pero el proceso de analizar primero la responsabilidad propia siempre es más constructivo y valioso que el resultado final del partido. En realidad, las raquetas rotas son la excepción. Por su mentalidad de crecimiento, Rafa Nadal perdió ese partido. Por esa misma mentalidad, hoy su nombre sigue haciendo historia.
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