Una mujer, de Annie Ernaux (1987)
Una reseña más sobre el ejercicio de la maternidad y la “hijitud” (?), el duelo y la construcción de la memoria.
Una mujer, de Annie Ernaux (1987)
Una reseña más sobre el ejercicio de la maternidad y la “hijitud” (?), el duelo y la construcción de la memoria.
Este libro no es sólo sobre la maternidad, ni sobre una madre en particular. Es un libro sobre las palabras como herramientas para elaborar la pérdida, el recuerdo y lo que sigue, el porvenir después de atravesar la pérdida de una madre.
Una mujer comienza con un hecho ineluctable: la muerte de la madre de la narradora, en un geriátrico, después de años de sufrir Alzheimer. Luego del funeral, de esa pompa en algún punto impersonal que envuelve el ritual de la despedida, la narradora inicia un proceso personalísimo: construir la memoria de su madre a través de la escritura.
Sin caer en lugares comunes para contar la pena, sin recurrir a metáforas floridas, con una precisión casi quirúrgica, Ernaux recompone escenas, gestos, palabras para reconstruir a esa mujer y a ella como hija. No hay idealización posible en esa relación. La madre aparece contradictoria, a veces amorosa, a veces violenta, atravesada por su época y su clase.
Más que un raconto ordenado, lo que se arma es una constelación de recuerdos que deja ver algo más amplio: una vida singular y, al mismo tiempo, la historia social de la Francia de principios del siglo XX que funciona como telón de fondo,como condición necesaria para esa existencia.
Ernaux hace autoficción. Toma materiales de su vida, pero no para narrarlos sin más, sino para entenderlos. No hay exceso ni ornamentación. Hay una escritura que avanza con determinación, palabra por palabra, implacable, limpia, que gracias a la repetición de escenas logra conectar con el lector pero a Ernaux no solo le interesa contar una historia. También se interroga por el acto de escribir: por qué escribe, para qué. Preguntas que atraviesan a cualquiera que practique el oficio. Tal vez la respuesta, en este libro, tenga que ver con escribir como un modo de sostener lo que se pierde, de comprender ese enigma en forma de madre y, por momentos, hacerla volver.
Una mujer es un libro imprescindible si te interesa la literatura sobre vínculos y afectos, sobre la maternidad sin idealización ni consuelo fácil. Y también es un libro que dialoga, desde un registro propio, con otras formas de narrar el ejercicio de la maternidad, como los que se encuentran en La vida después, de Donald Antrim y Apegos feroces, de Vivian Gornick. Pero sobre estas conversaciones literarias volveré después…
Ahora dejo una pregunta de las tantas que se me quedaron dando vueltas después de terminar el libro: ¿Qué queda de una madre cuando ya no está?
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